Scarlett Ashford
La luz de la mañana en la sala de desayunos era demasiado brillante, rebotando en la porcelana pulida plateada y blanca con una intensidad que me hacía palpitar la cabeza. Sin embargo, el ambiente era gélido.
María estaba sentada a la cabecera de la mesa, con toda su atención puesta en la pantalla brillante de su tableta. Nina estaba sentada a su derecha, mirando fijamente su café negro como si intentara adivinar un futuro diferente en el líquido oscuro. No había dicho ni una