Punto de vista de Marimar Oquendo
El corazón me latía con tanta fuerza que estaba convencida de que iba a salírseme del pecho. Si hubiera puesto un micrófono contra mis costillas, el ritmo habría servido para animar una fiesta entera en mi provincia. Era ensordecedor.
Tenía la garganta seca como un desierto y tragaba saliva una y otra vez buscando un poco de humedad. La presión me asfixiaba. Un hombre me había hecho una pregunta y, al mirarlo, sentí que estaba frente a San Pedro en las puertas