Cada paso que daba Dawn le drenaba la vida, y el familiar escalofrío de regresar a la presencia de su padre era una espina clavada en su carne.
No debería haber regresado... no quería hacerlo. Pero la vida no le había dado precisamente otra opción, y todas las alternativas disponibles conducían de nuevo hasta él.
Luchó contra el ardiente deseo de llorar, de hundirse en aquel abismo de frustración y desesperación. Al entrar nuevamente en la mansión, comprendió que su vida jamás volvería a ser la