Punto de vista de Zara
La noche de la Gala del Consejo no llegó con la suave transición del crepúsculo; irrumpió en la mansión como una declaración de guerra.
Me encontraba de pie frente al espejo triptico de cuerpo entero en mi suite, apenas reconociendo a la mujer que me devolvía la mirada. El terciopelo morado magullado ya no era un vestido; era una segunda piel, una armadura oscura que brillaba con una luz peligrosa y aceitosa bajo las arañas de cristal. El corsé interno estaba tan apretado