Punto de vista de Zara
El silencio del refugio era más fuerte que la explosión en las fundiciones de hierro. No era un silencio pacífico; era pesado y pressurizado, del tipo que precede a una inmersión profunda que colapsa los pulmones.
Estábamos en un ático escondido detrás de una fachada de piedra caliza gris y vidrio tintado: un edificio que los registros fiscales de la ciudad no reconocían. Dentro olía a limón pulido y al aroma estéril y metálico de aire filtrado. No había polvo aquí, ni hi