Capítulo 23: Nero

Dante debió darse cuenta de que algo iba mal, porque solo asintió con rigidez y se levantó, cogiendo ágilmente a Marcus, que chillaba, de su regazo y entregándoselo a Cara, que parecía imperturbable.

Ella me guiñó un ojo mientras Dante se acercaba a mí, con una mirada que insinuaba lo que no se atrevía a decir delante de un niño.

Sin esperar a que llegara, me di la vuelta y salí del salón, subí las escaleras y entré en mi estudio.

En cuanto Dante
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