La respiración de Daniella se volvió agitada, como si el aire fuera a salírsele del pecho en cualquier momento.
Se esforzó por no suspirar ni gemir, ni hacer nada que la separara de su atractivo padre.
Lo miró fijamente a los ojos, que eran excepcionalmente atractivos, brillantes y profundos, como si estuvieran llenos de agua.
—Vamos. Entremos —dijo, controlando el temblor en su voz, y se separó suavemente de Liam.
Lo levantó del frío suelo y, por suerte, Liam accedió esta vez.
Se quedó de pie,