Ariella
La grava crujió bajo las llantas cuando Adrian giró hacia la entrada estrecha. Apoyé la frente ligeramente contra la ventana, mirando la casa que alguna vez lo fue todo para mí. La casa de mi madre.
Habían pasado años, pero no mucho había cambiado. Las contraventanas colgaban, los escalones del porche estaban inclinados hacia un lado, y la maleza se había tragado el jardín que mamá solía cuidar con devoción. Tragué saliva, un nudo formándose en mi garganta. Se sentía como volver a entr