Cuando estaba dudando, Tadeo había cogido un vaso de licor y se lo entregó a Leonardo.
—Señor Ramos, vas a beberlo, ¿no?
Leonardo miraba con indiferencia el vaso que tenía en la mano y dijo inexpresivamente: —Lo siento, nunca bebo licor fuerte.
Tadeo sonrió y dijo lentamente: —Siempre hay una primera vez para todo.
Leonardo no dijo nada, pero su expresión era evidentemente mucho más fría.
El silencio se extendió y el ambiente se volvió muy raro.
Tadeo aún sostenía su vaso, pero su mirada se habí