Un destello de furia apareció fugazmente en los ojos de Fausto, pero de inmediato lo ocultó. Insistió:
—Leonardo, ahora no es el momento adecuado para el despecho. Si algo malo sucede, no tendrás oportunidad de arrepentirte.
Leonardo le echó un vistazo y respondió fríamente: —Si te preocupas tanto por ella, ¡ve a persuadirla tú mismo!
Después de vacilar unos segundos, Fausto se acercó rápidamente a Natalie.
Cuando llegó a su lado, el entrenador ya le había traído el caballo y estaba explicándole