En ese momento, un silencio sofocante se apoderó del carruaje, y la frialdad que emanaba del cuerpo de Leonardo parecía capaz de congelar a una persona.
Después de un largo rato, Leonardo dijo en voz baja.
—¡Cualquiera que se atreva a estar contigo, haré que su familia quede destrozada!
Natalie dijo lentamente: —Leonardo, en Monteflor creo que tienes esa capacidad, pero ¿y si es en Imperialia?
Leonardo frunció el ceño, con frialdad en los ojos.
—¡No importa quién sea, si se atreve a estar contig