Matilda se sobresaltó y se giró hacia atrás, vio a Leonardo mirándola con una mirada gélida y su rostro se puso blanco.
—Leo...Leo, he venido para decirte...
Antes de que pudiera terminar la frase, Leonardo ya se le había acercado y le dijo fríamente: —Dame el anillo.
Matilda sostuvo la caja del anillo durante unos segundos antes de entregársela lentamente a Leonardo.
Tras recibir el anillo, se dirigió hacia su escritorio sin hacerle caso a Matilda.
Al notar su frialdad, Matilda se mordió el lab