Pensando en esto, Leonardo se dirigió directamente a Tadeo.
—¿Hiciste tú lo que le pasó a Ginés?
Aunque era una pregunta, el tono de Leonardo era de absoluta certeza. Su mirada gélida era como una flecha afilada que se posaba sobre Tadeo, y la temperatura en el despacho bajaba rápidamente.
Tadeo sonrió y preguntó provocativamente: —¿Y qué si fui yo? Si tienes pruebas, deberías ir ahora mismo a la comisaría en lugar de venir a mi despacho a interrogarme.
Leonardo le miró fríamente: — Desde que er