Por fin, dijo él.
—Nora, te echo de menos.
Su voz era grave, y por un momento Nora tuvo la ilusión de estar de vuelta cuando habían estado enamorados.
Pero sólo una ilusión.
Parpadeó con burla y dijo en tono tranquilo: —Álvaro, no me echas de menos, es que ahora estás de mal humor y necesitas a alguien que te acompañe, eso es todo.
Dicho esto, colgó.
No quería seguir con él, y las cosas que había hecho a sus espaldas le hicieron sentir que nunca le había conocido y que le daba miedo.
Poco despué