—No importa lo que diga, ¿no estarás de acuerdo con el divorcio, ¿verdad?
—Eso es.
—¡Está bien! ¡Entonces, iré a hablar con Natalie!
—Si te atreves a presionarla, no volveré a verte en el futuro.
Antonia tenía los ojos enrojecidos de rabia, pero en ese momento sentía más decepción que nada.
—¿Me estás amenazando con eso sólo por una mujer?
Leonardo, luciendo insensible, respondió con firmeza: —Ella no es una mujer común, sino mi esposa. Y no te estoy amenazando, sólo te estoy informando.
—¡Muy b