Michela les miró, pero a cada mirada que lanzaba, esa persona bajaba la cabeza sin atreverse a mirarla a los ojos.
Tras un impasse de unos minutos, Michela frunció el ceño, —¿Ninguno de ustedes tiene soluciones?
En este momento, alguien susurró: —Ahora sólo podemos admitirlo... Pero en cuanto a la indemnización, aunque vendemos el Grupo Silva, no podremos pagarla... Además, si no hubiera sido por la falta de supervisión del señor Silva en aquel momento, no habría tenido tales consecuencias...
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