Natalie bajó los ojos, vio su mano temblorosa y no le rechazó.
El coche iba tranquilo en el camino.
Leonardo estaba sentado a la izquierda de Natalie, con la cabeza gacha en leer documento, y parecía que habían vuelto a los viejos tiempos en que estaban juntos.
Pero... Era sólo una ilusión...
Tras dejar a Natalie en la puerta, Leonardo dijo con voz ronca: —No vayas a Estados Unidos, el poder de la familia Aguilar no es algo contra lo que puedas luchar sola. Sé que eres buena en artes marciales,