El secretario no dijo nada y se la llevó.
—Señor Ramos, lo que esa mujer ha dicho de tu madre...
Antes de que pudiera terminar su frase, fue interrumpido fríamente por Leonardo, —Finge que nunca lo has oído.
Por otra parte, después de que el coche salió del Jardín Verde, el secretario llamó a Ernesto.
—Señor Santos, la tengo.
—Mátala, y hazlo sin dejar rastro.
Colgando el teléfono, Ernesto por fin respiró aliviado, ya no se preocuparía por nada.
Una vez muerta aquella mujer, nadie volvería a ame