— Tenemos que vernos.
Eran las ocho de la tarde, en el Bar Nocturno Oscuro.
Cuando Fausto empujó la puerta del cuarto privado, Leonardo ya estaba esperando dentro.
Se acercó a Leonardo y se sentó, diciendo fríamente: —¿Qué quieres de mí?
Leonardo le sirvió un vaso de vino, —Fausto, necesito que hagas algo por mí.
Fausto rio fríamente, —Leonardo, ¿has olvidado que aquel año la familia Ruiz estuvo a punto de quebrar por tu culpa? No me vengué de ti por ser amable, ¿y ahora quieres que te ayude?
—S