Después de salir del hospital, Emiliano fue directo al bar.
Cuando Leonardo entró en el cuarto privado, Emiliano ya había bebido mucho.
Al verle echarse un trago tras otro a la boca, Leonardo frunció el ceño y se adelantó para arrebatarle el vaso.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué bebes tanto?
Emiliano se mofó, —Dame el vino.
—Pase lo que pase, beber no resolverá el problema.
—Te he llamado para que bebas conmigo, no para que me lo impidas.
Leonardo parecía frío. —Has bebido muchas botellas. ¡Si sigues