Michela pensaba que Ángel tenía razón, ignorando la extraña sensación.
—Tienes razón, hagamos lo que dices.
—Bueno, deja de pensar en estas cosas. Ya es tarde, ve la tele para relajarte y luego vete a ducharte y a la cama.
Ángel encendió el televisor.
Michela hizo un gesto con la mano: —Ya veo, tienes trabajo, ¿no? Vete a trabajar al estudio.
—Sí.
De vuelta en el estudio, Ángel se sintió aliviado de haberla convencido.
Sabía que Natalie quería mudarse no sólo para estar cerca de la oficina, sino