Cuando terminó de hablar, la gente que charlaba a su alrededor se calló y miró a Tadeo.
El rostro de Guido ya no podía describirse como serio, se fijaba a Leonardo con rabia y hielo en los ojos.
—Señor Ramos, ¿tienes que hablar de esto? ¿Fuiste tú quien denunció al Gran Félix?
Leonardo rio fríamente, —Señor Aguilar, si alguien siempre camina por la noche, se encontraría con fantasmas, ustedes han hecho cosas malas y ahora sospechan que yo los denuncié. ¿Me estás atacando?
—Señor Ramos, debes sab