Aura hizo una mueca y advirtió en voz baja: —Isabel, no olvides lo que dijo papá esta mañana. ¿Quieres que papá te eche de la familia Licon?
—No te preocupes. Si papá se entera de que nos peleamos, no será a mí a quien echen, al fin y al cabo, ¡yo parí un hijo y puedo controlar a mi marido!
Después de decirlo, Isabel se dio la vuelta y se marchó con una sonrisa de suficiencia.
Aura le devolvió la mirada con odio y rabia en los ojos.
Esta mujer sólo tenía una familia mejor que la suya y nada más.