—No fue así, Adrián. En ese momento yo estaba en el hospital después de sufrir un accidente. ¿Cómo podría haberle pedido que hiciera algo así?
Mariana tartamudeó, aterrada, pero siguió negándolo.
Adrián se limitó a mirarla con frialdad, sin decir una palabra.
Ella tenía los ojos rojos y, con cautela, tiró de la manga de Adrián mientras las lágrimas le caían sin parar.
—Adrián, de verdad nunca le pedí a nadie que quemara las pertenencias de los padres de Emilia...
Sin embargo, el Adrián que antes