Debbie
La luz de la mañana se filtraba por las cortinas de mi habitación, brillante e insistente. Estiré el brazo, pero mi mano solo tocó el espacio vacío a mi lado. River se había ido. Me senté en la cama. Su aroma aún seguía impregnado en las sábanas.
Miré hacia la mesa de noche y algo llamó mi atención: un trozo de papel.
Lo tomé y ahí estaba: su letra, angulosa y apresurada.
*“Buenos días, hermosa. No quise despertarte. Necesitabas descansar más que nada. Gracias por todo. Te veo en la