Debbie
Mientras me quedaba allí, se me ocurrió una idea. Él seguía ardiendo. Seguía duro. Cualquiera habría jurado que nunca se había venido.
El baño.
—River, voy a salir —le susurré al oído—. Dame unos minutos. Regresaré. Lo prometo.
Se rodó hacia un lado, saliendo de mí con un deslizamiento húmedo. Luego se puso de pie, fue al baño, abrió las llaves y la tina comenzó a llenarse con agua fría.
Fui tras él. Lo guié de la mano, sintiendo la forma en que su palma quemaba la mía. No solo estaba ca