Rain
Sentía que la cabeza se me partía en dos. El celo era una bestia que me arañaba las entrañas, haciéndome sentir picazón en la piel y dolor en los músculos. Estaba tirado en la cama, empapado en sudor. Lo había intentado todo. Todo. Me la había jalado. Usé cada truco posible. No era suficiente. Pero no me atrevía a salir a buscar alivio real.
Mi teléfono vibró. Era Debbie. No pude responderle; al menos, no en ese momento. Me sentía culpable por ignorarla, pero no podía escribir nada con