Debbie.
Me separó más los muslos, con mi camiseta amontonada en un pequeño revoltijo debajo de mi abdomen.
Entonces, lo vi inclinarse.
Espera, ¿acaso él—?
—Para —dije antes de poder procesar la palabra.
Se detuvo, arqueando una ceja con curiosidad.
—Yo… yo… no creo que quiera que… esto es… —tartamudeé, incapaz de formar una frase coherente porque… ¿cómo le decía que no quería que hiciera eso porque nunca me lo habían hecho?
Pero fue como si me leyera la mente.
—Nunca has hecho esto, ¿ve