Debbie.
No podía creer lo que veían mis ojos. ¿Cómo... cómo diablos había llegado este tipo hasta aquí? O sea, ¿cómo?
—¿Cómo entraste? —susurré.
Él se levantó del sofá, sonriendo, mientras sus ojos me recorrían de arriba abajo.
—Te ves sexy.
Sentí una oleada de calor bajando directo a mi centro.
Ni hablar. Aquí no, Debbie.
—Rain. No me estás diciendo cómo entraste. Si alguien te ve...
—Te dije que vendría a ver cómo estabas —me interrumpió. Se acercó más, quedando frente a mí—. Es fácil entrar