A pesar de todas sus dudas, Adriana no tuvo chance de seguir preguntando. Sentía claramente la sinceridad y la pasión del hombre por ella, envolviéndola en su amor…
A medianoche.
Dos cuerpos cansados estaban abrazados en el sofá de la oficina de José, cubiertos con una manta delgada.
Afuera, la lluvia volvió a caer. Adentro de la oficina, el ambiente era tranquilo, perfecto para una conversación de tú a tú.
Adriana, todavía metida en la montaña rusa de emociones que había vivido, decidió