Casi sin darle chance de hablar a Adriana, José sacó su bata de la maleta, entró al baño y, ¡para rematar, no cerró la puerta!
Adriana irritada, se acercó y cerró la puerta del baño detrás de él.
José salió del baño rápido, y Adriana rápidamente tomó una revista de la mesa, haciendo como si no le importara:
—Cuando termines de vestirte, puedes irte.
—Lo de siempre, tú duermes en la cama y yo en el sofá. —Él se negó.
—No estamos en una suite para dos, y el sofá es pequeño. —Adriana insistió.
José