¡Ja!
¡Ja, ja!
José volteó su cabeza para mirar a Rafael, con una mirada de odio.
Rafael estaba muerto del susto, deseando con todas sus fuerzas que hubiera un pozo cerca para saltar dentro y terminar con su miseria... Pero, ¿qué podía explicar? En presencia del jefe, no tenía absolutamente ningún derecho a hablar.
El jefe y su esposa estaban jugando al matrimonio secreto, pero insistían en ponerlo a él como carnada frente a la suegra del jefe. El problema era que el jefe no estaba dispuesto a en