Evana caminó unos pasos, mientras escuchaba a la policía alejarse con Álvaro.
Sintió un mareo terrible y cayó en los brazos de Marcus, quien la cargó aun estaba consciente de ser llevada por su esposo a casa.
Al entrar, la llevó a su habitación y la recostó en la cama.
Acarició su rostro
—Ya viene el médico, amor —susurró
—Estoy bien, solo ha sido agotador.
Él acarició su rostro de nuevo, la miró con ternura.
—Ya estás en casa, mi amor, te extrañé.
Él sonrió.
—No demoré mucho.
—¡La niñ