Marcus levantó a Evana, la miró a los ojos.
—Dime que no es cierto, Marcus, ¡Dime que él miente!
Marcus no podía jurarle algo que no sabía.
Él cargó a Evana en sus brazos, como si fuera su pequeño bebé, la llevó adentro de la mansión, subió la escalera, hasta ir a la habitación.
Al entrar, la recostó en la cama.
Ella parecía en un estado de shock, luego se echó a llorar, cubriendo su rostro con sus manos, Marcus no podía soportarlo, la abrazó con fuerzas.
—Mañana iremos a la clínica, esto