Aimé soltó el trozo de vidrio que tenía en sus manos, estaba asustada al ver a Jonathan Grimm ahí, se sintió perdida, sabía que ahora estaba descubierta, su máscara cayó.
—Yo… —la mujer no pudo hablar, se sintió descubierta, Aimè tembló de miedo, ahora estaba en verdaderos problemas.
—Nada de lo que digas te salvará, pequeña serpiente —sentenció Sabrina.
—Llamen a la policía —dijo Jonathan—. Pagarás por lo que le hiciste a mi sobrina Evangelyn.
La mujer le vio con ojos enormes, asustados.
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