—Madre, yo…
—¡Mi hermana terminó con Lucien! Está triste, solo es eso…
Evana acunó el rostro de Natalia.
—¿Qué te hizo, hija?
—Nada, solo, no somos buenos juntos, ¡madre! —Natalia abrazó a Evana y ella pudo sentir su dolor, la abrazó con fuerzas.
—Mi niña pequeña, no llores, amor, hay muchos hombres en el mundo, ninguno merece tus lágrimas, ni tu dolor, tú solo mereces felicidad, eres inteligente, hermosa, fuerte, no dejes que nadie te venza.
Natalia sonrió, besó la mejilla de su madre.
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