Mundo ficciónIniciar sesión004: INTERFÓN.
Giré el cerrojo y abrí la puerta para descubrir la escena más grotesca que ví en mi vida.
Rick estaba sobre esa mujer y los dos estaban completamente desnudos sobre mi cama.
—¡Mavys! —gritó Rick y se levantó rápidamente.
Las ganas de vomitar fueron mayores cuando reconocí a la chica. Se trataba de nuestra vecina. La esposa del panadero.
Mi mente se puso en blanco. Así que mi única reacción fue cerrar la puerta sin decir una sola palabra y alejarme rápidamente aunque sabía que Rick venía rápidamente hacia mí.
—¡Mavys! ¡Espera!
En ese momento me detuve debajo del umbral de la puerta y volteé para ver el rostro del hombre que había amado durante los últimos dos años. Pero al verlo allí desnudo solo sentí repulsión y ganas de vomitar.
—¡No vuelvas a decir mi nombre! —dije. —Quiero el divorcio.
Luego de eso me fui. No sabía ni siquiera a donde ir. Solamente caminé por las calles de la ciudad. Totalmente sola y con mi familia viviendo al otro lado del país, estaba completamente sola.
Llegué a un motel de carretera y me propuse pasar la noche en ese lugar.
Una cama, un pequeño televisor, y una lámpara sobre una mesita de noche. Eso era todo lo que necesitaba para llorar hasta quedarme dormida. Aunque no sin antes escuchar un recital de dos horas de gemidos y golpeteos en la pared de la pareja que estaban en la habitación de al lado.
[***]
Fue una noche de m****a. Sin embargo, en mi trabajo debía fingir una sonrisa y aparentar que mi vida era perfecta. Ahora dependía mucho más de ese empleo.
Fue una mañana agitada entre contratos por leer y fórmulas que llenar, pero al menos así podía mantener mi mente ocupada.
Alrededor del mediodía se abrió la puerta de mi oficina y ví como Helarya Ness entró nuevamente en mi oficina, pero esta vez estaba acompañada de un pequeño perro.
Seguramente si fuera cualquier otra persona jamás la hubiera dejado entrar con un animal, pero al tratarse de la esposa del CEO, nadie se atrevería a decirle nada.
Incluso yo, traté de ser hipócrita y hacer las paces con esa mujer que claramente me odiaba.
—¡Qué lindo perro! —dije, mientras fingía una sonrisa.
—No es perro, es perra... —corrigió de inmediato. —¿Te gusta? Su nombre es Mavys.
En ese momento sentí como toda la sangre de mi cuerpo comenzó a hervir. Mi rostro se puso tan rojo como una manzana. Y mis puños se apretaron con una fuerza que no conocía en mí. Esa mujer quería verme enojada y lo había logrado con gran facilidad.
—Sirve para algo y dime si has visto a mi esposo. —dijo sin importarle la expresión de mi rostro.
Justo en ese momento y como si hubiera llamado con tan solo mencionarlo, Lyon apareció por la puerta, con la diferencia que esta vez traía un ramo de flores en sus manos.
—¿Flores? ¿Para mí? —preguntó ella muy emocionada.
—¿Tú aquí otra vez? —preguntó con un fastidio notable.
—¿Cómo dices? ¿Entonces quieres decir que esas flores no son para mí?
Lyon respiró profundamente y desvió la mirada. Luego caminó directo hacia mi escritorio y colocó las flores frente a mí.
—Te felicito por el excelente trabajo que hiciste ayer. —dijo Lyon y pude sentir cómo era la sangre de Helarya la que estaba hirviendo ahora.
—Muchas gracias, jefe. —dije a pesar de la mirada asesina de Helarya.
—Qué bello es mi esposo. —comentó ella sin ninguna vergüenza y después lo abrazó. —Siempre pensando en sus empleados.
Lyon la esquivó de forma disimulada y la alejó lentamente.
—Helarya, por favor. Sal de aquí y llévate a ese animal de mi edificio. —ordenó señalando la puerta.
Helarya me miró y fue muy difícil para mí contener la sonrisa. Eso la hizo molestar y bufó enojada antes de salir de la oficina haciendo todo un berrinche.
Mi corazón estaba destrozado por culpa de Rick, pero Lyon de alguna forma lograba sacarme una sonrisa.
Sin embargo, debía pensar seriamente si valía la pena seguir aguantando las arremetidas de Helarya. Y eso sin olvidar las fiestas privadas que se hacían dentro de esa oficina principal.
Me prometí a mí misma que si algo volvía a pasar, me iría de ese lugar sin importarme nada más.
[***]
Esa misma tarde entró una mujer en mi oficina de cabello oscuro, tacones exagerados, y vestido bastante ligero.
Caminó hasta el escritorio y me pareció que sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
—Debes ser la chica nueva. —dijo.
—Buenas tardes. Mi nombre es Mavys Lecter. ¿En qué puedo servirle?
Apoyó sus manos sobre el escritorio y acercó su rostro perfectamente maquillado hacia mí.
—Dile a tu jefecito, que Laila ya llegó.
—De inmediato. Un minuto, por favor.
Toqué el botón del interfón y al instante tenía comunicación con Lyon.
—¿Si, Mavys?
—La señorita Laila acaba de llegar y supongo que quiere verlo.
Hubo un segundo de silencio en donde solamente escuché la respiración de Lyon.
—Hazla pasar, por favor.
—De inmediato, señor. —le ofrecí mi mejor sonrisa a esa mujer y luego dije: —Adelante, puede pasar.
Laila caminó directamente hacia la oficina principal. Era obvio que conocía el camino.
Una vez dentro de la oficina de Lyon, ella lo besó sin perder tiempo. Cada hora de su tiempo valía mucho dinero y ella era toda una profesional.
Lyon recorría cada centímetro de su cuerpo hasta llevar sus manos a la cintura de esa mujer. Luego la levantó y la sentó sobre su escritorio.
Pero lo que Lyon no notó era que las nalgas de Laila estaban presionando el botón de interfón y eso hizo que yo pudiera escuchar claramente todo lo que decían.
Desde mi asiento pude ver como el pequeño bombillo rojo del interfón se encendía y escuché la voz de Lyon, pero no me estaba hablando a mí.
—Te había estado esperando. —dijo él.
—Dijiste por teléfono que necesitabas un servicio especial... ¿Puedo saber de qué se trata?
—Necesito que me cumplas una fantasía. Necesito que te hagas pasar por alguien.
—Y... ¿de quién se trata?
—Quiero que te desnudes y te llames Mavys Lecter mientras te hago el amor.
Después de oír eso sentí un vacío helado en el estómago, como si el suelo se hubiera esfumado bajo mis pies. ¿Por qué razón Lyon Ness quería que esa prostituta fingiera ser yo mientras él le hacía el amor?







