Mundo ficciónIniciar sesión005: VINE POR TI.
El interfón seguía diciéndome todo lo que estaba pasando en la oficina de al lado. Como esa mujer gemía tratando de imitar mi voz y como Lyon decía mi nombre con cada embestida que le daba.
Mientras más escuchaba de aquel retorcido encuentro, más se revolvía mi estómago por las náuseas que me provocaban.
No lo soporté más y salí corriendo de mi oficina directamente al baño del pasillo. Abrí rápidamente y cerré con fuerza azotando la puerta sin importarme nada.
—¿Qué diablos fue eso?—. Me pregunté a mí misma cuando estuve frente al espejo.
Abrí la llave del lavamanos y arrojé agua contra mi cara sin importar que me pudiera quitar el maquillaje.
Mi teléfono comenzó a vibrar de forma insistente, tanto que pude escucharlo desde el interior de mi bolso.
Miré la pantalla y cuando leí el nombre de Rick en la llamada, sentí como si me hubieran dado una patada en el estómago.
—¡No puede ser!
Estaba consternada y sentía que todo a mi alrededor daba vueltas y vueltas, como si en cualquier momento el piso de ese baño se pudiera abrir y tragarme por completo, pero lo peor era que ese maldito teléfono no dejaba de vibrar.
Era impresionante como Rick lograba hacer mi vida un asco sin siquiera estar presente.
Fue entonces cuando exploté. Abrí la llamada y grité con todas mis fuerzas.
—¡Púdrete Rick!
Luego colgué y apreté el teléfono con mis manos, tan fuerte que por un momento llegué a pensar que lo haría trizas.
Y entonces: comencé a gritar hundiendo mi cabeza dentro de mi bolso. Grité desde lo más profundo de mi ser. Necesitaba sacar toda esa frustración de mi cuerpo.
Es posible que nadie me haya oído gritar por lo alejado del baño, porque de haberlo hecho, seguramente se hubieran preocupado por mi salud mental.
Detrás de cada mujer que grita su frustración, hay al menos un idiota que se cree dueño del mundo.
Aunque debo aceptar que gritar me hizo sentir mucho mejor. Luego me coloqué maquillaje rápidamente y volví a mi puesto de trabajo como si nada hubiera pasado.
Volví justo a tiempo para alcanzar a despedirme de mi imitadora.
Esa prostituta entró en mi oficina sin ninguna razón y llevando una peluca rubia muy parecida al color de mi cabello.
—¡Oops! —exclamó con cierta vergüenza al darse cuenta que había olvidado quitarse la peluca. Así que la escondió rápidamente en su cartera y me regaló una sonrisa disimulada.
—¿En qué puedo ayudarte? —pregunté después de aclarar mi garganta.
—Solo quería asegurarme de algo... ¿cuál me dijiste que era tu nombre?
Esa pregunta solo hizo que mis náuseas volvieran y mi estómago comenzara a estremecerse.
—Lecter... —trague saliva con dificultad. —Mi nombre es Mavys Lecter. —confesé.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de esa mujer y de inmediato se llevó la mano a la cadera.
—Interesante... —susurró.
Y así, sin más, solo dió la media vuelta y caminó hasta la puerta de la oficina.
—Eres una chica muy afortunada, Mavys Lecter. —dijo Laila sin siquiera voltear a verme antes de salir.
No lo soportaba más. ¿Para qué clase de CEO perverso y enfermo estaba trabajando? En ese momento me quedó aún más claro. Los celos de Helarya eran totalmente justificados: Lyon Ness estaba obsesionado conmigo.
Sinceramente no sabía cómo reaccionar. Siempre había fantaseado con que ese hombre se fijara en mí, pero no de esa manera tan misteriosa.
Las cosas empeoraron cuando se abrió la puerta de mi oficina y Lyon entró caminando como si nada, directo hacia mí.
No sabía cómo reaccionar.
No sabía qué decir.
Y mucho menos sabía qué hacer.
Mi rostro debió ponerse de todos los colores del arcoiris mientras que yo luchaba con mi boca para contener el vómito.
—¿Qué tal ha estado tu día? —preguntó con su risa cínica, como si no viniera de coger a una prostituta en la oficina de al lado.
—Bien... —dije mientras lograba fingir la sonrisa más falsa del mundo.
—Empiezan a marchitarse. —dijo.
Yo me sentía perdida, como si estuviera flotando en mis propios pensamientos. Así que no entendí su comentario.
Fruncí el ceño y mis cejas se arquearon con confusión.
—¿Disculpe?
—Las flores. Ya se están marchitando.
—¡Ah! —exclamé entendiendo que se refería a las flores sobre el escritorio.
—Ya debemos reponerlas. Ya sé. Qué te parece si vamos a cenar hoy en la noche y te regalo flores nuevas para tu escritorio... ¿te gusta la idea?
En cualquier otra circunstancia, eso me hubiera hecho brincar de la emoción, pero en ese momento sinceramente no sabía qué decir. Por un lado estaba emocionada de que ese hombre hermoso estuviera interesado en mí, pero a la vez me sentía perturbada por su lado oscuro y perverso.
—Renuncio... —dije sin más.
—¿Disculpa? ¿Qué fue lo que dijiste?
—Me tengo que ir. Ya no puedo estar aquí.
Tomé mi bolso y salí rápidamente. Pude sentir la intención de Lyon por detenerme, pero no lo hizo. Solamente suspiró y me dejó salir.
Mientras caminaba por las calles de la ciudad, en mi cabeza había una guerra interna: una parte de mi quería volver y entregarse en los brazos de Lyon mientras que otra me decía que huyera lejos.
Pero había una tercera parte que estaba muy preocupada por mi situación económica. Había perdido el trabajo de mis sueños con el sueldo de mis sueños y ahora no tenía ni siquiera para pagar la habitación del motel donde me estaba quedando.
Pensé que debía buscar mis cosas en el departamento de Rick. Tenía algo de dinero ahorrado en una gaveta y ya después pensaría en buscar otro empleo.
Debía aprovechar esa noche del jueves para poder entrar en el departamento sin la necesidad de ver el maldito rostro de Rick. Seguro estaría en su noche de póker con sus amigos y yo tendría todo el tiempo para reunir mis pertenencias en una maleta.
Introduje la llave en la cerradura de la puerta y gire con mucho cuidado de no hacer ruido. Pero rápidamente confirmé que en efecto el departamento se encontraba solo.
Tomé la maleta más grande que había y la coloqué abierta sobre la cama. Con rapidez metí todas mis cosas y el dinero de mis ahorros, además de un par de joyas que planeaba empeñar o vender.
Debía darme prisa. El idiota de Rick podía volver en cualquier momento y no quería que me viera en ese lugar.
Pero sentí una sensación de vértigo en el estómago cuando escuché que alguien tocaba el timbre del departamento.
¿Quién podría ser?
¿Acaso Rick había olvidado las llaves?
Pero no tendría sentido tocar el timbre en un departamento que, se supone, está vacío.
¿Y si era su amante?
En ese momento pensé muchas cosas. Hasta que finalmente decidí abrir la puerta para llevarme la sorpresa de mi vida.
Lyon Ness estaba parado allí frente a mí bajo el umbral de la puerta.
—¿Lyon? ¿Qué haces aquí?
—¡Vine por tí! —fue lo único que respondió antes de comenzar a besarme con lujuria.







