Marcos la hizo bajarse del auto, había aparcado en un amplio patio, frente a una no muy grande, pero preciosa casa. Madilyn notó que, en la esquina, entre los macizos y matas de flores había una mujer de edad avanzada trabajando las plantas.
—Cariño, has vuelto—sonreía la mujer. La vio y dejó lo que estaba haciendo. Se quitó los guantes y se acercó a ellos.
—Mamá, te dije que dejaras ese trabajo para otros—le regañaba Marcos.
—¿Y qué hago yo, aburrirme en esta enorme casa? —tenía una sonrisa y