El peso del remordimiento
Una sombra de lo que fue, se erguía desde su estado de inanición.
Una mirada perdida era la única muestra de vida en ese cuerpo que parecía un espantajo sin fuerzas ni color. Una barba inmensa le tapaba la cara casi como un manto que velaba sus facciones muertas y sin brillo.
De aquella corpulencia del pasado tortuoso solo quedaba el saco de huesos que era aquel pellejo que colgaba como un papel seco y quebradizo. Sus brazos eran endebles y escuálidos y su cuello era