El gran mal día
La noche pasó sin pena ni gloria y llegó la mañana de ese día en el que sería otra mujer, y no yo, la celebrada y la receptora del amor de ese hombre con el que yo había estado soñando. Ya que no tenía opción para negarme y dejar de ir a esa boda, lo mejor era entonces darle paso rápido al asunto y avanzar para dejar eso detrás cuanto antes. No había forma de conseguir una excusa para librarme del sofocante asedio de aquel abogado que me había amenazado casi de muerte si era que