Capítulo 33.
El convertible que habían rentado la animó a subir sus pies en el asiento. Kael solo se dedicó a conducir, mientras los tonos anaranjados en el cielo le hicieron notar aún más ese color en los ojos de la chica que sonreía emocionada, la cual elevó los brazos y dejaba su cabello ondearse con el viento.
Se quitó los lentes para verla, para luego frenar frente a una curva de la carretera. Se estacionó para luego quitarse el cinturón y recibir a Lina, quien no negó ese beso que este parecía urgido