Margaret
—Margaret, nena, ¿cómo quieres que te explique si no me dejas entrar? —la dura voz de Nikolay llegó a mí a través de la puerta, donde estaba apoyada.
La mató.
El. La. Mató.
Nikolay llevaba media hora hablándome a través de la puerta, pidiéndome que lo dejara pasar y yo llevaba exactamente ese mismo tiempo ignorándolo con éxito.
Bueno, no lo llamaría éxito, pero estaba lográndolo que era lo mismo… o casi.
—¡Tienes que dejar que me explique! No lo sabes todo, no te he dicho todo. ¡Escúch