La noche continuaba mientras Hudson y Kerrie caminaban por las calles del pueblo, envueltas en la suave luz de las farolas. El bullicio de las personas a su alrededor contrastaba con la calma que se había asentado entre ellos. Luego de un rato, llegaron a una banca en una pequeña plaza, rodeada por tiendas y cafés cerrados para la noche. Ambos decidieron tomar asiento, observando el ir y venir de la vida nocturna en el lugar.
Hudson se apoyó hacia atrás, mirando las luces titilar a lo lejos. —¿