El concierto continuó sin inconvenientes. Kerrie y Hudson aun cuando no conocían las canciones brincaban y gritaban junto al público. Se olvidaron por un momento de los fantasmas, de los asesinos, de las responsabilidades y de sus pasados. Simplemente eran dos jóvenes disfrutando de la música.
Kerrie incluso había tomado la mano de Hudson para que alzara sus brazos y la acompañara en el vaivén del ritmo. Fue un momento mágico. Kerrie sintió las suaves palmas de Hudson pegadas a las suyas y ele