La vida de Victor como detective ya no era la misma. Había un cambio palpable en la forma en que abordaba cada caso, cada pista. Su trabajo ya no era solo un escape, ni un medio para distraerse de la tormenta interna que siempre había arrastrado consigo. Ahora, cada caso era una oportunidad para aplicar lo que había aprendido en su propio viaje hacia la sanación: la importancia de la paciencia, de escuchar sin juzgar, y de no apresurarse a resolver las cosas antes de entenderlas completamente.