La jugada oculta (4ta. Parte)
El mismo día
New York
Claire
Un hombre con los años de experiencia y lealtad de Octavio Robinson no cedía fácilmente ante un chantaje. Yo tampoco estaba dispuesta a denunciarlo; solo necesitaba un hilo del cual tirar para confirmar que mis sospechas no eran tan descabelladas. Y su silencio —la rigidez de su postura, el modo en que evitaba mirarme— gritaba que había tocado un punto sensible. No sabía cuál, pero estaba allí.
Pasaron uno, dos, tres, cuatro segundos. Ni un parpadeo. Entonces volví a