—Te espero en nuestro departamento —dijo Robert por lo bajo y con la respiración agitada—. Ahí te contaré todo.
—¿Nuestra casa? ¿Creí que habías vendido el depar?
—No —dijo al tiempo que acariciaba el labio de Astrid—. Te amo —culminó Robert.
Luego bajó con rapidez las escaleras, en cuanto a Astrid, se quedó contemplándolo partir.
—Aquí has estado —comentó Liam. Astrid lo miró y sonrió. Los azules ojos de Liam brillaron cuando aquella mujer le sonrió—. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué te fuiste de la