Leandra apartó la mirada y levantó la mano para apretarse la coleta. Después se mordió el labio inferior y él recordó haber hecho lo mismo la noche anterior. Nikos sintió la tensión en el estómago y en la ingle. Lo único que podía hacer era mirarla y concentrarse en el calor que invadía todo su cuerpo.
–Te lo daré todo –añadió lentamente–, porque eres mi esposa. Y nadie más que tú ocupa ese puesto. Ni ahora ni nunca. No importa cómo haya empezado esto.
–Gracias, Nikos –contestó ella con triste