Habían compartido besos, contacto, susurros y jadeos, y Owen quería compartir su cama con ella. La llevó de la mano, le ofreció su baño y la esperó en la cama. De nuevo, corrió las cobijas para que ella se acomodara a su lado, y de nuevo, Anna lo hizo, pegándose a su cuerpo.
De a poco, Anna se estaba convirtiendo en la primera mujer en muchas cosas en la vida de Owen: en estar en su casa, en conocer y jugar con su hija, en compartir su cama. La tenía en sus brazos, escuchando cómo respiraba sua